Como putas en cuaresma

Cuando un país como el nuestro sigue anclado hoy en los fantasmas enquistados de su pasado guerra civilista,  está condenado al desastre.




En Salamanca se confinaban a las prostitutas al otro lado del Tormes, cuarenta días antes de la Semana Santa.  El “Padre Putas” las custodiaba durante este tiempo,  las recogía con su barca y las llevaba al otro lado del río. Permanecían recluidas hasta el lunes posterior a la Semana Santa. “Como putas en cuaresma”.
Es la definición perfecta de esta situación que vivimos todos a causa del Covid-19, cuyos efectos están provocando miles de muertes en nuestro país, cientos de miles de desempleados, millones de euros de pérdidas y un afloramiento ingente de descerebrados de todo pelaje y catadura moral.

Las putas en cuaresma pasaban hambre porque no podían trabajar y en esas estamos, suspirando por unas migajas de pan por las que muy pronto habrá que luchar a cara de perro y el cuchillo entre los dientes.

El retrato social que se divisa es para echarse a temblar y lo peor de todo es que no hay nadie, en todo el arco político de este país,  que sea capaz de poner pie en pared. La calle es un polvorín con mascarillas que está al “pique de un repique”. Una sola chispa y todo saltará por los aires.

John FitzGerald Kennedy dijo en una de las etapas más convulsas de Estados Unidos que los que hacían imposible una revolución pacífica harían inevitable una revolución violenta. Cuando un país como el nuestro sigue anclado hoy en los fantasmas enquistados de su pasado guerra civilista,  está condenado al desastre. El problema no radica en los ideales, ni en los partidos. El problema reside en los personalismos, en los egos, en la desvergüenza, en la falta de sentido común y de estado que tienen los que dirigen esas formaciones políticas al más alto nivel.

Mientras sigamos empecinados en defender el pensamiento único, inmóviles en nuestra sinrazón, será imposible salir del desastre que nos aguarda. Lo peor está aún por llegar y mucho me temo que nos dirigimos a un callejón sin salida, porque lo creamos o no, hemos alcanzado ya el punto de no retorno. Parafraseando a Machado, “hoy es siempre todavía”. Aún hay esperanza, aún estamos a tiempo de dejar de pasarlo “como putas en cuaresma”.

Comentarios

Entradas populares